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viernes, 9 de agosto de 2013

NADIE HABLARÁ DE NOSOTRAS AL MORIR





En las puertas de la muerte Cyrano reprocha a Roxana que no le dijera nunca nada...

En un salón amplio, ventilado, apenas amueblado, donde prevalece el blanco sobre todos los colores. La luz del sol, velada por unas cortinas livianas que se mueven levemente por la brisa, apenas da calor...

En medio de la estancia, Roxana, de pie, semeja una estátua. Entra por un lateral Cyrano que pronto queda a la altura da la mujer, la contempla, da pasos a su alrededor mientras le habla:

"Esa palabra
que nunca
acertó a ser
pronunciada...

Esa palabra
quedó presa
entre tus dientes...

Tus labios ardian
tu mente bullía,
mas la retenías...

Esa palabra,
dique para el resto,
que no pudiendo
escapar de la prisión,
ahogaron tus sentimientos.

Roxana, lo sé,
estaba contigo,
te acompañaba,
lo veía en tus ojos,
sentía lo mismo que tú,
pero nunca dijimos nada...

¿Y por qué, Roxana,
ahora permaneces muda?
¡No dices nada!
(la coge por los hombros,
la zarandea suavemente)
¡Roxana, mi amor!

Esa acción parece que devuelve la vida a la mujer, nota como aquello que tenía atravesado en la garganta desaparece, fluyen los sentimientos, primero a su pensamiento, después a su boca.
Roxana, mira a los ojos de Cyrano y pronuncia..."Te amo".

Pero continua...

"Te amo, por tu amor,
por el que has depositado
en mí, por tu confianza.
Te amo porque siempre
me acompañaste,
siempre estuviste ahí.
De noche y de día,
sóla o acompañada,
conmigo estabas...
amor..."

"... y ahora que te vas,
me quedo sóla,
con tu recuerdo,
con tu mirada
clavada en mía...
...ahora que te vas,
no quiero noche ni día..."

Cyrano, tendido en la tierra del jardín, Roxana recostada sobre él, se contemplan por última vez...

                                       Abril´2013

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