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martes, 20 de septiembre de 2011

ENTRE LA ARMONÍA Y EL CAOS



PRELUDIO











"Por Dios...¡Maldita sea!...es que no puedo encontrar en esta maldita mesa una pluma que me pueda servir para realizar el único acto por el que vivo. La Inspiración...esa Musa que roza el entendimiento, que debes atrapar en el mismo instante, pues de lo contrario, las palabras que te susurra al oído se disipan como ondas que se agitan en un estanque, como la penumbra que desaparece cuando alumbra las luces de un nuevo día..."

- "Traed una pluma si es que no queréis arder en las llamas del infierno"...¡Ah!, otro contratiempo...¡Pero antes llevarme en brazos...necesito aliviar mi cuerpo!".



Ahora sí estoy dispuesto a trenzar las palabras que constituyen la última teoría de mis días...









"Entre la armonía y el caos"











"Todo cuerpo constituido por materia e insuflado por el hálito energético de una fuerza vital, sea animado o inanimado, tiende ineludiblemente a la armonía. Estado en el que permanece hasta que de su interior emana el caos. Fenómeno energético que tiende a alterar el orden establecido de la materia."



"Puesto que el caos emana de dentro afuera, debemos esperar que cuando esa energía se disipe, en el cuerpo expuesto a tal condición vuelva a reinar la calma interior que precede a la armonía".








"Que debe haber una fuerza interna que tiende al caos y una fuerza externa que devuelve la armonía".



"Que este mundo se debate entre la armonía y el caos y que esas dos fuerzas son opuestas y complementarías".








"Que esas dos fuerzas son responsables del equilibrio del universo".



Así pues...








y en estas últimas horas de mi vida,






si beso tus labios

en un postrero acto de amor,

si dejo de nuevo que el deseo

recorra mis venas

envenenando mi cuerpo

hasta la célula más distante,

si bebo un último sorbo de vino

lanzando la copa que lo contiene

por encima de mi hombro

esperando que se estrelle contra el suelo

convertida en mil añicos de cristal...


si espero que surja el CAOS.



También puedo aspirar,

antes de que exhale

un último suspiro,

a que se imponga la ARMONÍA

y la copa lanzada se recomponga,

viniendo de nuevo a mi mano,

pudiendo beber de ella,

experimentado el placer

de amar y besarte

por última vez.



Extracto de la obra póstuma de Sckleeton (S. XIX)


Entre los papeles manuscritos de este autor, escritor, poeta y filósofo, se encontró una carta que dirige a su amante, Lady Swann, en la que recuerda como se conocieron y el inicio de una relación que perduró en el tiempo, que transciende las leyes terrenales conocidas. Sckleeton relata en su carta que una mañana de primavera, y como era su costumbre, entró en una de las múltiples tabernas del East Side. Tomó su copa en un ritual no exento de cierta apatía, y cuando salía para en caminar sus pasos al puente de Histbrook, girando una esquina, se topó de frente con una bella señorita que sin duda había perdido el rumbo, no pertenecía a la clase social que puede eperarse en esa barriada de gente humilde.







La abordé pues me pareció la criatura más desamparada que había visto en la vida. -"Lo siento"- me dijo- "ha sido culpa mía". "No se disculpe, por favor, no ha sido nada"- le contesté. Nos miramos y no pude resistir la tentación de continuar hablándole-"No es de por aquí... ¿me equivoco?".-"Oh, no. Llevo en la ciudad tan sólo dos semanas, salí a pasear y creo que me he perdido". -"Dígame dónde vive y con sumo placer le acompañaré, no es bueno permanecer por estos barrios mucho tiempo",- a lo que replicó -"¿Y por qué lo hace Usted?, quiero decir, ¿Qué hace Usted aquí?, se nota que tiene educación y cierta distinción."- "Soy escritor y necesito pasear, moverme por distintos ambientes... sólo eso". - "De acuerdo, puede acompañarme,¿Señor...?- "...Sckleeton, pero puede llamarme Henry, es más corto, ¿Señorita...?- "Lady Swann.










La carta revela que a partir de ese encuentro fortuito, volvieron a verse en distintas ocasiones, quizás los pasos de Sckleeton frecuentaron más de lo debido el barrio donde residía la joven en cuestión, quizás fué el azar el que les hizo coincidir. Lo cierto es que era frecuente verlos pasear por la ribera del río Sean, sentados en un banco del Parque de las Flores o en cualquier cafetería céntrica de la ciudad tomando té o un licor. La conversación debía ser amena a juzgar por las sonrisas que iluminaban las caras de ambos.










En cierta ocasión, la señorita Swann invitó al señor Sckleeton a tomar el te de las cinco en su casa, era la primera vez que se veían en privado. Después de unos breves comentarios sobre el gusto que había tenido la joven en la decoración, tomaron asiento en una salita donde la mesa quedaba cercana a un balcón por donde se colaban a hurtadillas los últimos rayos del sol de una tarde otoñal.










Como de costumbre conversaron sobre distintos e interesantes temas relacionados con la política, religión, la existencia del ser humano, el arte, la cultura,... pero tampoco quedaban excluidos los pertinentes "cotilleos" no exentos de ironía y cierta "mala leche". En un momento dado Lady Swann dijo: -"Lo siento Señor Sckleeton pero tengo que hacerle esta pregunta, ¿Cómo me considera, amiga o simplemente conocida?. Los papeles encontrados aportan indicios de una cierta convulsión en el interior del escritor, desde luego que no se esperaba esa clase de pregunta, que se reflejó, sin duda en sus facciones. "Oh, le pido que no se incomode, Señor Sckleeton, es solo una pregunta", -"...pero no comprendo, lo siento, no sé que responder... creo que debo marchar, está oscureciendo y no es decoroso que permanezca en la casa de un joven..."., "Piense en lo que le he dicho, Señor Sckleeton, nos veremos mañana, como de costumbre", "Adios señorita Swann".










Pero ese encuentro no se produjo, Lady Swann paseó su soledad por la ribera del río Sean, por el Parque de la Flores, en las cafeterías céntricas de la ciudad, por los atardeces otoñales sentada en esa silla de su salita cercana al balcón.










Una tarde, en la primavera siguiente, recibió una nota. En el menbrete figuraba "Señor Sckleeton". la abrió. La respuesta a la pregunta era escueta









"Ni lo uno ni lo otro. Eres alguien especial".












Los encuentros se reanudaron y se conviertiron en amantes ajenos a los convencionalismos sociales de la época. Eran, ante todo independientes y en ningún momento, hasta la muerte, cedieron en su empeyo de LIBERTAD.